Desde las ocho y media de la mañana, cuando el cielo sobre el municipio de Villanueva todavía guardaba esa claridad azul sin matices que precede al calor del trópico seco, Jorge Alcalá y Michel Salas se internaron en el sector Hechizo de la Fundación Loros con la paciencia metódica de quienes saben que el bosque entrega sus secretos al que se detiene. Lo que comenzó ante un Muñeco cargado de bayas rojas —con un pájaro negro colado entre las ramas como invitado no anunciado— se fue abriendo en una jornada de más de dos horas y media que recorrió desde el sotobosque húmedo hasta la Loma del Alcón, pasando por potreros de tierra arenosa y rincones de monte bajo donde la vegetación crece sin pedir permiso.
A lo largo del recorrido, las 35 historias que construyeron ese día dibujaron un paisaje de extraordinaria densidad ecológica. El guásimo y la ceiba bonga sostenían comedores activos para reinitas y periquitos veraneros; en una Pseudoalbizia neopodoides compartían árbol, sin conflicto aparente, dos nidos colgantes de oropéndola cianopúrpura y un guacamayo. Más abajo, entre la hojarasca, crecían solos un totumo, un Cojón de Fraile, dos guarumos pioneros y una papaya silvestre que nadie había sembrado. La mañana también tuvo sus preguntas abiertas: un insecto de tonos rojizos sobre frutos de Solanum torvum en la Loma del Halcón, y un arbusto de flores blancas que el monte todavía no ha querido revelar del todo.
Lo que Michel y Jorge acumularon ese domingo —coordenadas, fotografías, nombres populares y científicos, fenologías simultáneas, asociaciones entre especies— es el tipo de conocimiento que no se obtiene de una sola visita sino de la suma de todas. Cada registro es una pieza del mapa vivo que la Fundación Loros construye sobre sus 520 hectáreas: la prueba acumulada de que este bosque, en muchos rincones, ya está recordando cómo ser bosque.
Anonymous eBirder · 29 mars 2026 · Fundación Loros · Ver en eBird ↗
61 especies registradas