Dos solanáceas y un insecto sin nombre
En la Loma del Halcón, Michel Salas encontró lo que el monte seco guarda sin anunciarse: dos especies del mismo género creciendo entre la hojarasca y el suelo expuesto, cada una con su propio lenguaje de color. La de flor blanca resultó ser Solanum torvum; la de flor morada, Solanum subinerme. Ambas en terreno árido, ambas con las hojas perforadas por insectos que comieron y siguieron su camino sin dejar nombre.
Las seis fotografías que trajo Michel cuentan más de lo que las palabras alcanzaron ese día. En una de ellas, sobre los frutos verdes y diminutos del Solanum torvum, descansa un insecto de tonos rojizos y naranja que todavía no tiene identificación en nuestros registros. Está ahí, quieto, como si esperara que alguien le pusiera el nombre que le corresponde.
Queda pendiente ese dato. Por ahora, la Loma del Halcón suma dos solanáceas documentadas y un misterio de seis patas que el equipo tendrá que resolver en la próxima salida.