La pringamosa que avisa antes de que la toquen
Michel Salas estaba recorriendo una zona de matorral con suelo seco cuando se topó con ella: una pringamosa (*Urtica urens*) bien establecida, con sus hojas grandes de bordes dentados y los tallos cubiertos de tricomas blancos que brillaban bajo el sol de la tarde. La planta crecía entre ramas caídas y vegetación variada, discreta a primera vista, pero con toda la advertencia escrita en su piel.
Michel documentó la planta con cuatro fotografías que capturaron sus detalles uno a uno: las flores blancas pequeñas abriéndose en la parte alta del tallo, los frutos verdes apenas en desarrollo, y esa textura vellosa que hace de la pringamosa una experta en defenderse sola. El punto quedó registrado en coordenadas exactas, en un área semi-despejada de la reserva donde la vegetación crece mezclada y sin orden aparente.
La *Urtica urens* es urticante por diseño: sus tricomas actúan como jeringas microscópicas que inyectan un cóctel irritante al menor contacto. No es una planta que pase desapercibida dos veces. Michel la reconoció, la respetó y la registró. Eso es suficiente.