Flores blancas y espinas bajo el sol de marzo
Jorge Alcalá caminaba por el sotobosque de la reserva cuando encontró, entre la penumbra verde y húmeda, una mata discreta de flores blancas de cuatro pétalos: Ruellia blechum, nativa de estos montes, que las abejas conocen mejor que nadie. Era el 29 de marzo y el calor de la tarde pesaba, pero ahí, en ese rincón sombreado de la Fundación Loros, la planta florecía sin aspavientos, como si siempre hubiera estado esperando ser anotada.
Más adelante, ya en plena luz, Jorge topó con una planta diferente: espinosa, de hojas ovales con ese brillo que tienen las plantas acostumbradas al sol duro. Hubo un momento de duda — ¿Caesalpinia? ¿otro género? — hasta que el equipo se inclinó por Pithecellobium. La especie exacta queda pendiente; por ahora el género basta, y la planta queda registrada con su misterio intacto en las coordenadas 10.43985, -75.2576917.
Dos especies, un recorrido, la tarde del domingo cerrándose sobre la reserva.