Lo que guarda el monte: familia Leguminosae
Michel Salas y Jorge Alcalá salieron a caminar el santuario con ojos de botánicos. La jornada era de caracterización de plantas, ese trabajo paciente de detenerse, observar, fotografiar — darle nombre y registro a lo que el monte ya sabe desde hace mucho. Las coordenadas los llevaron a un sector donde la vegetación se mezcla en distintas edades y formas: arbustos jóvenes, árboles ya crecidos, trepadoras que se enredan entre unos y otros.
Lo que encontraron fue, casi sin proponérselo, un capítulo entero de la familia Leguminosae. Estaba el Pata e' Vaca (Bauhinia sp.), con sus hojas partidas en dos lóbulos como huellas impresas en el aire. Más adelante, un árbol con flores amarillas que apuntaba a ser un Cassia, y una trepadora con vainas largas y verdes que colgaban entre el follaje. Y luego, retorcidas contra el cielo azul, las vainas secas de lo que bien podría ser un Prosopis o una acacia — duras, en espiral, como si el fruto hubiera aprendido a desenredarse solo al secarse.
Siete fotografías quedaron del recorrido: árboles jóvenes con el futuro por delante, frutos en distintos estados de madurez, y la mano de Michel sosteniendo una rama para mostrar la escala. Un inventario tranquilo, sin aspavientos, del tipo de vida vegetal que sostiene este pedazo de monte cerca de Cartagena.