Las flores amarillas de Michel en el bosque
Entre la vegetación densa del santuario, Michel Salas se detuvo ante un arbusto que no debería pasarse por alto: la Bola de Gato, Thevetia ahouai, erguida entre dos y tres metros con sus hojas largas y brillantes como cintas verdes al sol. Era un día de floración activa, y la planta lo mostraba sin reservas — botones apenas asomados, capullos a medio abrir y una flor completamente desplegada, toda ella de un amarillo tubular que llamaba la atención incluso entre la luz filtrada del dosel.
Pertenece a la familia Apocynaceae, un linaje de plantas que guarda secretos: vistosa y llamativa por fuera, la Thevetia ahouai es también tóxica en casi todas sus partes, de ahí quizás el apodo popular de Huevo de Gato, ese nombre que mezcla ternura y cautela. Michel fotografió el hallazgo con cuidado, capturando las distintas etapas del florecimiento, antes de registrar las coordenadas y seguir camino.
Es el tipo de encuentro que recuerda que en las 520 hectáreas de Fundación Loros hay más de lo que el ojo recorre de un vistazo — a veces basta con detenerse donde el amarillo brilla entre el verde.