Dos nidos bajo el nido del guacamayo
Michel Salas caminaba entre las colinas del santuario cuando levantó la vista y encontró esa imagen: dos nidos colgantes de oropéndola cianopúrpura (*Psarocolius decumanus*) meciéndose desde las ramas de una *Pseudoalbizia neopodoides*, un árbol de tronco múltiple que se recortaba nítido contra el cielo azul de la tarde. Más arriba, en las ramas superiores del mismo árbol, un guacamayo ocupaba su propio espacio. Un solo árbol, dos especies, dos historias de anidamiento superpuestas.
Los nidos de oropéndola son inconfundibles: largos, tejidos con fibras vegetales, cuelgan como bolsas del viento en las puntas de las ramas. Michel registró el hallazgo con dos fotografías y un video, documentando esa vecindad poco común entre la oropéndola y el guacamayo que compartían, sin aparente conflicto, el mismo árbol en las coordenadas 10.4398, -75.2573 de la reserva. Esta asociación interespecífica en un solo árbol es exactamente el tipo de dato que el seguimiento de aves en Fundación Loros busca acumular: la prueba silenciosa de que el bosque está vivo y complejo, y de que cada árbol puede ser un mundo.