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Un pelao de pie en Vista Hermosa

Cuando Nilson llegó al corral esa noche, el trabajo ya estaba hecho. Ahí estaba el recién nacido — todavía húmedo, las patas temblorosas pero firmes sobre la tierra —, y la madre, marrón y blanca, comiendo tranquila mientras lo lamía con esa calma que solo tienen las vacas que saben que todo salió bien. Era macho, y ya estaba de pie. En Vista Hermosa, eso es todo lo que uno necesita ver. Detrás de ellos, la cerca de madera rústica y las matas de plátano cerraban la escena como si el trópico mismo hubiera querido arropar al recién llegado. No hubo alarmas ni intervenciones — solo Nilson con su linterna, el sonido de la noche y ese ternero plantado en el mundo como si siempre hubiera sabido que iba a quedarse.
Foto de campo
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ternerovaca
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