El mamoncillo viejo de Los Guardianes vuelve a cargar
En la Finca Los Guardianes hay un árbol de mamoncillo que lleva muchos años siendo testigo silencioso de la finca. Esta semana, Angélica Cecilia Mármol Venegas notó que sus ramas volvían a doblarse bajo el peso de los racimos: frutos verdes, apretados, brillantes como canicas recién pulidas. Era la señal de que la cosecha del *Melicoccus bijugatus* había comenzado.
Para las aves de la Fundación Loros, el mamoncillo no es solo alimento — es entretenimiento. Tienen que trabajárselo: manipularlo, abrirlo, extraer esa pulpa anaranjada y dulce que se esconde bajo la cáscara dura. Angélica lo sabe bien, y por eso llama al inicio de la cosecha un gran acontecimiento. Por ahora los frutos siguen en el árbol, terminando de soltarse, pero pronto llegarán a los aviarios.
Hay algo especial en ese árbol antiguo que ya es parte del paisaje de Los Guardianes — un árbol que ha visto pasar temporadas, manos y aves, y que cada año vuelve a cumplir.