El clavellino que anunció la tarde en Vista Hermosa
Fue Nilson quien lo notó primero. Ahí, en la puerta principal del sector Vista Hermosa, el clavellino había despertado de golpe: ramas enteras cubiertas de flores amarillas que a las cinco de la tarde brillaban como si tuvieran luz propia. El árbol —posiblemente una Caesalpinia, con su follaje fino y pinnado y las vainas largas colgando entre el follaje— había florecido sin avisar, de esos eventos que el campo regala cuando uno menos lo espera.
Las fotos del 14 de marzo cuentan más de lo que parece: detrás del clavellino, una caja nido de madera instalada en altura espera en silencio a sus futuros inquilinos, y sobre la pared del costado derecho, un mural pinta un loro verde entre hojas tropicales. La entrada al sector quedó así retratada en un solo cuadro: flores, refugio y memoria de las aves que este lugar quiere ver volver.
Ese amarillo encendido contra el cielo azul del atardecer caribeño fue la imagen del día en la reserva. A veces una sola planta en flor es suficiente para que uno pare, mire y recuerde por qué vale la pena estar aquí.