Cuatro loros, una misma mesa
En el aviario 2 del sector El Paraíso, Alejandro encendió la cámara a la hora de la comida y encontró lo que el equipo lleva semanas buscando: cuatro loros —Beethoven, el 12, el 19 y el B92— compartiendo el comedero sin disputas, sin tensiones, con esa tranquilidad que solo se da entre los que ya se conocen bien. Beethoven, el número 15, estaba ahí en el centro, como si fuera la cosa más natural del mundo.
No es un detalle menor. En la Fundación Loros, documentar quién come con quién es parte del trabajo fino que antecede a la liberación: los grupos de afinidad —esos vínculos que los animales construyen solos, a su ritmo— son la brújula que guía al equipo a la hora de decidir quiénes vuelan juntos hacia el monte. Beethoven y sus tres compañeros acaban de dejar una pista clara.