La guayaba que eligió el pionus
Omar Enrique Berdugo Cabeza llegó al aviario como cada mañana, con el paso tranquilo de quien conoce bien a sus vecinos de plumas. Ahí estaban los tres loros de cabeza azul —B235, B117 y B118, todos con su etiqueta verde FL-VN— posados sobre la barra de madera como si llevaran siglos esperándolo. Mientras unos se refrescaban chapoteando en el agua, uno de los pionus hizo su veredicto sin titubear: de toda la bandeja de guayaba, papaya, pepino, naranja y pimentón, eligió la guayaba. Los demás, más discretos, prefirieron el frescor de los cajones bajo el calor del mediodía.
Un poco más allá, en el aviario tres, una pareja de loros reales tenía sus propios planes. Compartían una papaya con esa parsimonia cómplice que tienen las parejas viejas: sin apuros, sin disputas, pegados el uno al otro como si la fruta fuera mejor así, en compañía. Omar los observó un momento antes de seguir con sus labores, y en ese silencio de malla y madera quedó grabada, sin más testigos, una tarde ordinaria en la reserva.