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Los marañones de Jendel florecen y fructifican a la vez

En un rincón de la finca Los Guardianes, donde la vegetación tropical se aprieta y el aire huele a tierra húmeda y fruta madura, Jendel camina entre sus árboles como quien visita a viejos amigos. Dos marañones (*Anacardium occidentale*) se levantan generosos a ambos lados del sendero: el primero luce al mismo tiempo sus pequeñas flores rosadas y sus frutos jóvenes de un verde intenso, como si el tiempo aquí se negara a elegir entre una estación y otra. El segundo árbol derrama su abundancia desde las ramas hasta casi el suelo — frutos verdes, frutos que van tomando ese rojo prometedor que anuncia la dulzura —, todo ello bajo un follaje oscuro y frondoso que da sombra y cobijo. Jendel lleva tiempo cuidando estos árboles, y ellos lo saben. En el Santuario de la Fundación Loros, este rincón de Los Guardianes es solo una muestra de la despensa frutal que guarda la reserva: colores que van del verde más fresco hasta el rojo encendido, sabores que esperan pacientes a quien se detenga a mirar. Aquí, cada rama tiene algo que contar.
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