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Cuatro caballos y un perro camino al cerro

Antes de que el sol calentara de lleno, Nilson salió al potrero de Vista Hermosa a buscar a Indio, Sombra, el Pony y Corosito. Los recogió uno a uno entre el pasto, los condujo al corral con jaquima, los bañó con agua y champú, y los ensilló con calma. Para cuando los cuatro estaban listos y brillantes bajo la luz de la mañana, ya había dos visitantes esperando en El Paraíso, la sede principal de la Fundación Loros, con ganas de ver la reserva desde el lomo de un caballo. La cabalgata tomó los senderos de tierra que suben hacia el cerro El Peligro. Las colinas iban apareciendo entre la vegetación verde y densa, con árboles frondosos a los lados y el cielo cargado de nubes blancas arriba. Happy, el perro de la fundación, no esperó invitación: trotó desde el principio junto al grupo, colado entre los cascos y las patas de los caballos como si llevara años en ese oficio. El destino final era el punto de liberación de aves rehabilitadas, ese lugar en lo alto del cerro donde los animales dan su último paso antes de volver al monte por su cuenta. Los visitantes lo vieron con sus propios ojos: el paisaje abierto, el silencio entre árboles, y la idea de que ese mismo cerro es, para muchas aves, el principio de algo nuevo.
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