Un totumo cargado y sin testigos
Bajo un cielo azul de marzo, Michel caminaba por el paisaje rural cuando se topó con él: un totumo de porte mediano, ramas extendidas hacia todos lados, cargado de frutos oscuros y redondeados en distintas etapas de maduración. El árbol estaba solo, sin compañía de pájaros ni mamíferos que vinieran a disputarse esa abundancia. Michel sacó las fotos, registró las coordenadas y lo sumó al mapa de recursos alimenticios de la Fundación.
El totumo —*Crescentia cujete*— es de esos árboles que en el Caribe colombiano uno da por descontado: su fruta aparece en patios, potreros y bordes de camino desde siempre. Pero para las especies que la Fundación protege y rehabilita, un árbol en producción activa es exactamente lo que el mapa necesita: un punto de referencia, una despensa marcada, una promesa de que el alimento está ahí cuando haga falta.