El tamarindo fértil de la sabana
Bajo un cielo azul sin disculpas, Michel Salas se detuvo frente a uno de los árboles más antiguos y reconocibles del santuario: un tamarindo de tronco grueso y copa ancha que ese domingo 22 de marzo lucía cargado de vainas. Las ramas se tendían hacia todos lados como brazos que ofrecen algo, y entre ellas colgaban los frutos oscuros y curvados del Tamarindus indica, confirmando que el árbol atraviesa una temporada fértil.
Michel registró la presencia del individuo con dos fotografías y su ubicación precisa. El árbol ya figuraba en el mapa del santuario, pero el reporte de hoy le añade algo importante: está produciendo fruto, activo, en buen estado. En una zona de vegetación seca como esta, donde el pasto amarillea y los arbustos se aprietan contra el suelo, ese tamarindo es una despensa abierta para la fauna del lugar.
La crónica quedó asentada en la bitácora con coordenadas, fotos y la firma de Michel. El tamarindo seguirá ahí, repartiendo vainas entre quienes sepan buscarlo.