Tres goleros predicando junto al lago
A las tres y cuarto de la tarde, Omar Enrique Berdugo Cabeza los encontró donde el lago 1 abre sus aguas entre la vegetación. Eran tres goleros —Coragyps atratus— con las alas extendidas hacia el sol, inmóviles, como si sostuvieran el cielo con los brazos. Lo que la ciencia llama termorregulación, Omar lo vivió distinto: sintió que esas aves negras y solemnes le predicaban algo, que había en ese gesto una especie de señal para seguir adelante por el camino.
Y quizás las dos cosas puedan ser ciertas al mismo tiempo. Los goleros abren las alas para calentarse y secar las plumas después de la noche, pero también es difícil ver ese ritual sin que algo se mueva adentro. Omar los observó hasta que terminaron, hasta que plegaron las alas con calma y se fueron. Entonces él también siguió su recorrido, con esa sensación rara y buena que dejan los encuentros que uno no estaba buscando.