Jender siembra su huerto en Los Guardianes
Agachado sobre la tierra arcillosa y seca del sector Los Guardianes, Jender —cuidador de ese rincón de la reserva— fue abriendo huecos uno a uno para recibir las plántulas que llegaron ese día: sapote, papaya, anón, limón y guama. Con las manos metidas en el suelo, sin apuro, trasplantó cada mata alrededor de su propia casa, como quien no solo cuida un territorio sino que echa raíces en él.
El suelo de Los Guardianes es duro y seco, como buen suelo tropical que guarda la sequía en la superficie. Pero ahí estaban las plántulas, con sus hojas verdes y brillantes, algunas todavía húmedas del trasiego, esperando que la tierra las acepte. No se registró cuántas fueron en total —esas cosas a veces se cuentan mejor con tiempo, cuando ya están dando fruto.
Hay algo particular en sembrar árboles frutales alrededor de la propia casa: es un gesto que piensa en los años que vienen, en las sombras y los frutos que uno no siempre alcanza a ver crecer. Jender lo sabe, aunque no lo diga.