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María José y la sed de la B87

En la finca La Ciénaga, un martes de abril, María José —esposa de uno de los trabajadores— se topó con una visitante inesperada: la lora B87, sola, posada y con una sed que no disimulaba. No era bióloga ni guardabosque, pero algo en el comportamiento del animal le bastó para entender lo que necesitaba. Le ofreció agua. El registro llegó a la Fundación por cuenta de Luis, de la organización Horses Cartagena, quien recibió el video de primera mano y lo compartió con el equipo. No siempre son los expertos quienes hacen los hallazgos más valiosos: a veces es la mirada atenta de alguien que vive cerca del monte, que conoce sus silencios y sus señales. La B87 apareció sola en esta ocasión, sin más compañía que la de una mujer de buen corazón en una finca del Caribe. Ese encuentro cotidiano —agua ofrecida, agua recibida— es también parte del mapa que vamos trazando sobre cómo se mueven nuestros individuos por el territorio.
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