La trepadora rosa que nadie sabe nombrar
José Marín la encontró sin buscarla, como suelen aparecer las cosas más hermosas en el campo. Una trepadora enredada entre la vegetación baja, con flores rosa-púrpura de centro blanco que abrían junto a capullos verdes todavía cerrados, como si la planta mostrara su historia completa en un solo vistazo. Las hojas, grandes y brillantes, captaban la luz de la tarde con una intensidad que hacía difícil pasar de largo.
Está en las coordenadas 10.4459413, -75.2642093, dentro de la reserva, y por sus flores tubulares podría pertenecer a la familia Bignoniáceas, aunque eso está por confirmarse. En campo no fue posible ponerle nombre, y quizás eso es lo más honesto que puede hacer un observador: registrar lo que ve sin inventarse certezas. La foto quedó, la ubicación quedó, y ahora le toca el turno a quienes saben de botánica.
Mientras tanto, esa trepadora sigue floreciendo sin que le importe si tiene nombre o no.