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Ecos del campo

Ardilla rojiza y huellas del armadillo

La mañana del 11 de marzo José Marín salió temprano a recorrer la reserva, y fue en el pie de monte donde lo detuvo un movimiento entre los troncos: una ardilla de pelaje rojizo, casi naranja, trepando sola por la corteza de un árbol con esa agilidad silenciosa que tienen cuando creen que nadie las mira. La fotografió ahí mismo, casi camuflada entre la madera y el follaje verde, antes de que desapareciera hacia las ramas altas. Más adelante, bordeando el arroyo Los Guardianes, José encontró dos madrigueras excavadas en tierra suelta, rodeadas de raíces expuestas y hojas caídas. Las entradas circulares y oscuras, del tamaño justo, lo dijeron todo: cuevas de armadillo. Las documentó con foto y coordenadas exactas — dos puntos separados por apenas veinte metros, como si el animal tuviera su propio territorio bien definido a lo largo del arroyo. De ahí siguió el recorrido por el arroyo principal de la reserva, grabando en video lo que José ya sabe de memoria: que en las mañanas la reserva despierta con todo. Aves moviéndose entre las ramas, mariposas cruzando los claros de luz, algún mamífero que se deja ver un instante antes de volver a la espesura. Un día ordinario en la Fundación Loros, que en el campo pocas veces lo es.
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