El número 2 y sus doce compañeros
Durante años, el guacamayo número 2 cargó con un veredicto que parecía inapelable: era demasiado manso para vivir en libertad. Había crecido tan cerca de los humanos, tan acostumbrado a su presencia, que muchos dudaban de que pudiera encontrar su lugar entre los árboles. Pero los animales, a veces, se encargan de desmentir lo que creemos saber de ellos.
El 21 de marzo, Alejandro Rigatuso lo encontró en el sector de los aviarios de Ara, cerca del Cerro El Peligro, y lo que vio no dejaba espacio para la duda: el número 2 volaba integrado a una bandada de unos doce guacamayos, como si siempre hubiera sido así.
Llevan meses en libertad. Ya no es el guacamayo manso de los aviarios — es uno más entre doce, en una bandada que se mueve y decide junta. A veces la mansedumbre no es una condena, sino simplemente el punto de partida.