Rojo ajeno entre follaje propio
Michel Salas caminaba por el predio cuando se topó con algo que no encajaba del todo: un arbusto de hibisco en plena floración, con sus flores rojo-rosadas de pétalos dobles abriéndose al sol de la tarde. Llamativo, sin duda. Pero el *Hibiscus rosa-sinensis* no es de aquí — llegó, como tantas plantas ornamentales, porque alguien un día quiso adornar un jardín.
Las palmeras al fondo y el cielo despejado completaban una estampa tropical, casi de postal. Solo que en la Fundación Loros ese tipo de postal tiene matices: lo que brilla no siempre pertenece. El registro queda en el inventario del predio en las coordenadas 10.4474, -75.2618 — una nota al margen sobre lo que crece en estos 520 hectáreas, lo nativo y lo que llegó después.