Un totumo que llegó solo
Hay cosas que el bosque hace sin que nadie se lo pida. Jorge Alcalá y Michel Salas caminaban por el sotobosque del santuario, en el noreste de la reserva, cuando lo vieron: un totumo joven —Crescentia cujete— brotado de la tierra por cuenta propia, sin que mano humana lo sembrara ni lo ayudara. Hojas lanceoladas, verde brillante, firme sobre un colchón de hojas secas rodeado de vegetación densa. Nació solo.
El totumo es árbol de larga historia en estas tierras del Caribe. De sus frutos redondos, los pueblos indígenas tallaron totumas y maracas; hoy sus semillas viajan con el viento y con los animales que dispersan sus frutos. Que uno haya elegido este rincón del santuario para echar raíz es, en sí mismo, una señal de que el lugar tiene lo que necesita para vivir.
Jorge y Michel lo fotografiaron, tomaron las coordenadas y lo dejaron como estaba. A veces el trabajo de campo es ese: descubrir lo que ya está ocurriendo y dar fe de ello.