Diecinueve campanas y un intruso de pecho naranja
El 23 de marzo, Omar salió al área de alimentación como cada mañana: llenó las bandejas y tocó la campana. Las guacamayas ya estaban ahí, expectantes, pero fue el sonido metálico el que las reunió del todo. En cuestión de minutos se congregaron 17 guacamayas azul-amarillo (*Ara ararauna*) y una Cheja (*Ara severus*), formando ese remolino de color y alboroto que ya les conocemos.
Entre ellas, uno más. Un individuo que no encaja del todo: pecho naranja encendido, dorso de verde mezclado con azul, una paleta que no corresponde a ninguna especie pura. Posiblemente un híbrido nacido del tráfico o la cría ilegal, lleva días volviendo a este mismo lugar, buscando su sitio entre el grupo. Todavía no lo encuentra, pero sigue apareciendo.