El níspero que lo comparte todo
En el santuario hay un árbol que no guarda para sí. En estos días de marzo, el níspero de tronco robusto y copa generosa está cargado de frutos maduros — redondos, de un marrón rojizo que anuncia dulzura — y Angélica Mármol Venegas lo encontró así: repleto y dispuesto.
El níspero es una fruta que en el Caribe colombiano se conoce bien. Llega con sus propios tiempos, sin aviso, y cuando aparece lo hace en abundancia. En la Fundación Loros ese momento se volvió costumbre compartida: los frutos van a la mesa de quienes trabajan aquí y también a las manos de quienes visitan el santuario, como si el árbol llevara décadas practicando la hospitalidad.
No hubo que buscar mucho para encontrar la noticia de hoy. Estaba ahí, entre las ramas, con el color de algo listo para ser recibido.