Rastros en la yuca, señales de alerta
Fue Omar quien primero lo notó: palos de yuca cortados en varios sectores de la reserva, y lo que parecían ser vísceras abandonadas entre la vegetación. Alejandro recibió el reporte y salió a verificar. En campo, un campesino vecino —Yego— se acercó de buena fe a contar que él mismo había estado por la zona y quería que lo supieran, para que no fueran a sospechar de él. Su aviso llegó a tiempo para empezar a hilar el rompecabezas.
La pregunta que quedó flotando en el aire fue quién o qué estaba detrás del daño. Las pistas apuntan en varias direcciones: podría ser un tigrillo, un gavilán, o alguno de los búhos que rondan por esos sectores. Nada descartado todavía.
Del recorrido salieron dos conclusiones concretas: hace falta una casita para un cuidador permanente en esa zona, acompañado de un perro guardián que disuada a los depredadores. Y hay que ponerles láminas a los árboles y a las jaulas, para dificultar el acceso. La reserva tiene ojos nuevos gracias a vecinos como Yego, pero también necesita sus propias defensas.