Mariposa y papaya, una alianza espontánea
Ese domingo de marzo, Michel Salas caminaba por el santuario cuando la flor de una papaya lo detuvo. La planta, una *Carica papaya* de la familia Caricaceae, estaba en plena floración, sus flores abiertas y fértiles bajo el cielo azul intenso de las diez de la mañana. Posada sobre ellas, una mariposa que Michel identificó como *Parides photinus* cumplía su oficio antiguo: ir de flor en flor cargando el polen sin saberlo, sin apuro, con la precisión silenciosa de quien ha hecho lo mismo por millones de años.
Unos pasos más adelante, otro hallazgo lo sorprendió: una planta de ají (*Capsicum sp.*) que nadie sembró, creciendo sola entre la vegetación tropical, con sus frutos verdes todavía firmes y pequeños asomando entre hojas brillantes. Junto a una estructura rústica de palma, la planta había decidido por su cuenta que ese era su lugar. En la Fundación Loros, a veces la naturaleza no espera permiso.