La Casa Plantada despierta en marzo
Gerard O'Neill llegó a la Casa Plantada con cámara en mano y encontró un rincón que parecía haber florecido de golpe. En un solo recorrido registró 14 especies: la buganvilia de púrpura encendido que ya vivía ahí antes de que alguien la nombrara, el corozo esbelto recortado contra el cielo azul, el plátano con su racimo tierno y la flor rosada colgando como un farol, y una Cordia alba —el uvito de la familia Boraginaceae— cargada de frutos verdes en racimos sobre las ramas.
Lo más inesperado fue la Sansevieria en flor. Esta planta de hojas moteadas, que pasa años sin dar señales de floración, apareció con un racimo de flores amarillo-verdosas y estambres finos como hilos. Cerca de ella, las cannas mostraban sus colores: una naranja-salmón sostenida entre los dedos de Gerard, otra rojo-rosado con los capullos aún cerrados. También asomó lo que podría ser un carambolo con sus frutos en formación, y un arbusto con hojas perforadas por algún insecto —detalle menor que el lente no dejó pasar.
La Casa Plantada amaneció ese domingo 22 de marzo con varias especies floreciendo y fructificando al mismo tiempo, como si el sector hubiera acordado mostrar todo de una vez.