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El regreso que los loros ya sabían

Omar Enrique Berdugo Cabeza llegó del Cerro el Peligro con el cansancio del camino todavía en las botas, pero lo que lo esperaba en la fundación no le dio tiempo ni de respirar. Antes de que pudiera cruzar bien la entrada, ya el aire se llenó de aleteos y voces: guacamayas, chejas, pionus cabeciazul y loros de frente roja —todos a la vez, todos hacia él, como si hubieran estado contando los minutos desde que se fue. No hubo presentaciones. Cada ave lo reconoció de inmediato y quería ser la primera: la primera en acercarse, la primera en recibir el alimento, la primera en decirle a su manera que lo habían extrañado. Entre el alboroto de colores y plumas, Omar repartió atención y comida sin poder disimular la emoción. De todo eso, Omar se quedó con una certeza sencilla y honda: los animales siempre saben quién los ha tratado bien. No importa cuánto tiempo pase, cuántos cerros uno haya cruzado entre medias. Ellos guardan eso, y en el momento justo, te lo devuelven con todo.
🐾 Fauna
chejaguacamayaloro de frente rojapionus cabeciazul
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