La liana que sangra leche en el monte seco
El suelo estaba tan agrietado que parecía un mapa partido en mil pedazos. Así encontró Michel Salas el terreno cuando salió a hacer su recorrido de inventario de flora en ese rincón del santuario donde el monte seco aprieta y la vegetación se dispersa como si también buscara sombra. Entre arbustos y vainas colgantes, Michel fue anotando, fotografiando, tocando hojas y frutos con la calma de quien sabe leer el campo.
El hallazgo del día fue una liana. Al cortarla, soltó un exudado abundante —esa "leche" blanca que es seña inconfundible de la familia Apocynaceae, subfamilia Asclepiadoideae. Más adelante, otro regalo: un fruto ya abierto, mostrando hacia afuera sus fibras blancas y sedosas como si ofreciera algo. En la palma de la mano, Michel reunió tres semillas negras con la radícula ya asomando —germinando ahí mismo, al aire libre, listas para que el viento las lleve a otro rincón del santuario.
En total, seis registros fotográficos de una jornada corta pero densa. El monte seco guarda más de lo que muestra a primera vista.