La entrada de El Paraíso en flor
En la entrada de la finca El Paraíso, la mañana se vistió de fiesta sin avisarle a nadie. La buganvilla estalló en magenta desde temprano, y entre sus ramas el cundeamor trepó silencioso salpicando de amarillo lo que ya era celebración. La Senna brilló junto a los platanales, la Corona de Cristo asomó desde su maceta de barro, y la ixora floreció con gracia incluso desde una maceta rota — porque en este rincón de la Fundación Loros, la vida siempre encuentra la manera.
Las mariposas tejieron su camino de flor en flor, ebrias de néctar bajo el sol caribeño. Las hormigas marcharon con su cargamento invisible, buscando el frescor de la tierra antes de que el calor dijera su última palabra. Y Happy, el perrito dorado de la finca, se quedó quieto sobre el concreto con su mirada serena, admirando ese paisaje que pocos tienen la fortuna de llamar hogar.
Angélica Mármol Venegas estuvo ahí para contárnoslo, con su lente y su corazón bien abiertos.