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Una aulladora con dos crías en el camino

Alberto salió esa tarde a llevar alimento al punto de liberación, caminando el trecho de siempre entre la vegetación de la reserva. Pero antes de llegar, en la parte más plana del recorrido, a unos cincuenta metros del destino, algo lo detuvo: una mona aulladora hembra con dos crías recién nacidas pegadas a su espalda. Dos crías al tiempo, algo que en todos los años de trabajo en Fundación Loros no se ve con frecuencia. Alberto alcanzó a sacar el teléfono y grabar. Más adelante, en el punto de liberación, el día siguió entregando. Dieciocho guacamayas azul y amarillo —Ara ararauna— de las que llevan tiempo en proceso de reintegración, revoloteaban entre el recinto y el cielo abierto de la colina. Dos chejas completaban el grupo. Alberto las registró en video y en foto: unas posadas junto al comedero con fruta, otras en pleno vuelo sobre el monte verde bajo el cielo despejado de la tarde. Fue uno de esos recorridos en que el camino mismo tiene más para mostrar que el destino.
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chejaguacamaya azul y amarillomono aullador
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