El banano y el secreto adentro del mango
Pasadas las cuatro de la mañana del 11 de abril, Omar recorría los aviarios 1, 2, 3 y 4 de la Fundación Loros con la canasta de frutas del día. Naranja, piña, banano, mango — la rutina de siempre — pero las aves siempre encuentran la manera de sorprender. Las guacamayas fueron directas al banano, sin dudar, dejando las demás frutas para después. Los loros de cabeza azul (Pionus menstruus), en cambio, se inclinaron por la naranja y la piña: frutas con jugo, frescas, que se deshacen entre el pico.
Pero la observación más llamativa fue la de los loros amazónicos, entre ellos el individuo marcado con el anillo verde B181. No se conformaron con la pulpa del mango. Con paciencia y precisión trabajaron la pepa hasta abrirla y comerse lo que hay adentro — una semilla rica en grasas que en vida silvestre sería un premio difícil de conseguir. Es el tipo de comportamiento que recuerda por qué el camino de vuelta a la selva se construye despacio, día a día, fruta por fruta.