Dos visitantes dormidos en el mamón
Omar Enrique Berdugo Cabeza caminaba solo entre los comederos de aves cuando algo lo detuvo: en el tronco de un árbol de mamón, bien aferrados a una grieta de la corteza, dormían dos murciélagos. El camuflaje era casi perfecto — sus tonos pardos y grises se confundían con la madera seca, como si el árbol mismo los hubiera absorbido durante el día. Fue el ojo entrenado de Omar el que los descubrió, quietos, ajenos al calor de las tres de la tarde.
Poco después pasó Maico con su grupo, que andaban haciendo avistamiento de aves en el mismo sector. Omar los llamó y les mostró el hallazgo. El mamón, que ya era punto de reunión para las aves libres y liberadas de la Fundación, resultó ser también refugio de estos pequeños mamíferos alados que duermen cuando el resto del monte despierta. Dos fotos y dos videos quedaron de testigos.