Happy, el achiote y la laguna rosada
El tres de marzo, Corina Leonor salió a recorrer el territorio con los ojos bien abiertos y Happy trotando adelante, como hace siempre que hay paseo. La perrita costeña conoce esos caminos casi mejor que nadie, y esa mañana se dejó retratar entre una alfombra de flores rosas —buganvilias caídas sobre la tierra verde— con la lengua afuera y esa cara de quien no tiene ningún apuro.
En el recorrido también apareció el achiote: frutos abiertos con sus semillas de rojo encendido, de ese rojo que tiñe y mancha y uno recuerda en las cocinas de las abuelas. Más adelante, en la laguna, un árbol —posiblemente un Tabebuia— había soltado sus pétalos sobre el agua y sobre la orilla, y todo se veía quieto y rosado bajo el cielo azul de la tarde. Dos bovinos, vaca blanca y ternero, pastaban despacio en el camino de tierra con el bosque cerrándose al fondo.
Fue uno de esos días en que el santuario muestra todo junto: flora nativa, fauna doméstica, el rumor rural de siempre. Happy llegó de vuelta contenta, como siempre.