Dos vidas nuevas en Valle Verde
Esta tarde, en el sector de Valle Verde, Angélica Cecilia Mármol Venegas encontró lo que a veces llega sin aviso: dos cabritos recién nacidos echados sobre la tierra húmeda del corral, uno hembra y uno macho, con el pelaje marrón todavía manchado de blanco, como si alguien les hubiera salpicado leche encima. Descansaban quietos, con esa calma propia de quien acaba de llegar al mundo y aún no sabe bien dónde quedó.
Más arriba, en las praderas abiertas que se extienden hacia las colinas, el resto del hato seguía su tarde de siempre: vacas de todos los colores pastando bajo la luz cálida del final del día, y un grupo numeroso bebiendo en el abrevadero natural, rodeado de vegetación tropical y cielo azul. Una escena sin prisa, como corresponde a este lugar.
En la Fundación Loros, el nacimiento de estos dos cabritos en Valle Verde es uno de esos momentos que el equipo de campo registra con cuidado —pasto de calidad, agua limpia, cercado seguro— para que lo que llega al mundo aquí tenga, desde el primer día, todo lo que necesita.