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Treinta y siete regresos entre El Paraíso y Los Guardianes

En la franja verde que une las fincas El Paraíso y Los Guardianes, el 22 de abril el EPA Cartagena abrió jaulas y soltó el aliento contenido de 37 animales que volvían al monte. Nueve canarios salieron disparados al primer árbol que encontraron; un jilguero menor los siguió de cerca. Dos boas se deslizaron sin prisa entre la hojarasca, mientras ocho iguanas se perdieron entre las ramas con esa elegancia antigua que tienen los reptiles. Alberto, encargado de la finca El Paraíso, estuvo presente para ver el momento en que siete morrocoyes patirrojos tocaron tierra libre por primera vez en quién sabe cuánto tiempo. No todos salieron ese día. Los cuatro titíes cabeciblancos —especie endémica del Caribe colombiano— ingresaron a un encierro de pre-liberación donde pasarán tres semanas aprendiendo, o recordando, lo que significa vivir sin rejas. También encontraron su camino hacia el bosque dos rositas, tres zarigüeyas juveniles, un tumbayegua y una perra que, por algún giro del destino, compartió la jornada con sus compañeros silvestres. Cuando el sol pegaba duro sobre el límite entre las dos fincas, el terreno ya había absorbido a casi todos. Quedaba el silencio particular que dejan los animales cuando desaparecen entre la vegetación: la señal de que todo salió bien.
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