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Ecos del campo

El día que el bosque recibió a sus inquilinos

El 20 de marzo, en un rincón de bosque húmedo de la Fundación Loros, una fila poco usual atravesó el sotobosque: policías, marinos de la Armada Nacional, funcionarios del EPA Cartagena y el equipo de la Fundación cargando jaulas transportadoras entre la hojarasca. Adentro viajaban zarigüeyas jóvenes —esas criaturas de hocico afilado y ojos como botones negros— junto a tortugas de caparazón gris oscuro y un búho de plumaje café que miraba el mundo con esa calma solemne que tienen los nocturnos de día. Cuando abrieron las jaulas, no hubo ceremonia. Las zarigüeyas se escabulleron entre las hojas como si siempre hubieran sabido que ese era su lugar. Las tortugas avanzaron despacio, a su ritmo, hacia la vegetación baja. El búho encontró las ramas bajas de un árbol y se quedó quieto, camuflado entre los tallos secos, esperando que el mundo se olvidara de él. Alguien los siguió con un celular de funda azul, tratando de capturar el momento antes de que el monte se los tragara. El acta oficial con el detalle de todas las especies y los números exactos está en camino —la manda el Centro de Atención de Primates—, pero las fotos ya dicen bastante: un bosque que esa tarde recibió de vuelta a algunos de sus inquilinos más discretos.
Foto de campo
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