La olla de Omar y los nidos recuperados
En el sector de la casa de Paraíso, donde los árboles dan sombra y los nidos artificiales esperan inquilinos con plumas, las abejas habían llegado primero. Colonias enteras se habían instalado en las cajas que el equipo de la Fundación construyó pensando en loros y guacamayos, y por un tiempo parecía que esos nidos estaban perdidos. Fue Omar quien encontró la solución en lo más sencillo: una olla vieja, trozos de madera y el humo que sale de ellos.
La técnica es de una elegancia artesanal que no necesita explicación larga. El humo adormece a las abejas — las emborracha, dice Omar — sin hacerles daño. En ese estado de calma involuntaria, él retira los panales. Una vez que el panal desaparece, las colonias no regresan. La lluvia borra los rastros de olor que las guiarían de vuelta, y el nido queda libre. Alejandro, que recibió el reporte de primera mano, confirmó que varios de esos nidos ya han sido recuperados.
Es el tipo de conocimiento que se transmite sin manual: una mano que sabe cuánto humo es suficiente, una paciencia que no se aprende en ningún libro. Gracias a eso, en la casa de Paraíso hay cajas vacías esperando el aleteo y el escándalo de un loro que por fin encuentra su lugar.