La B29 sobre la mata de plátano
Era su día de descanso, pero Omar Enrique Berdugo Cabeza no puede apagar el ojo de guardián que lleva adentro. Asomado a la terraza de su alojamiento, notó a un muchacho del sector con la mirada clavada hacia arriba, hacia los patios traseros. Siguió esa mirada y ahí estaba ella: la guacamaya B29, posada tranquila sobre una mata de plátano, ajena al alboroto que su sola presencia despertaba.
El muchacho quería saber si se la podían coger. Omar le explicó, con la calma del que sabe, que las guacamayas son libres — que se disfrutan con los ojos, no con las manos. El joven entendió enseguida, pero le entró otra preocupación: ¿y si alguien más la atrapa? Entonces Omar orientó al ave hacia los predios de la Fundación, y el muchacho, al verla alejarse en esa dirección, soltó un alivio: allá sí está segura, donde no la van a molestar.
En ese patio trasero, sin buscarlo, se dio una pequeña lección de convivencia. La B29 siguió su vuelo sin saberlo, y un joven del barrio aprendió a mirar diferente.