Seis titís y el llamado del tambor
Omar Enrique Berdugo Cabeza llegó hasta el sitio de alimentación con unas fruticas en la mano y, al no ver a nadie, recurrió al viejo truco: el sonido del tanque, ese tambor que los monos tití ya reconocen de lejos. Hubo que esperar. El santuario se quedó quieto un momento, con el calor de la tarde pegándose a las hojas, hasta que de entre la vegetación empezaron a aparecer uno a uno los seis individuos del grupo. Comieron, y luego partieron de vuelta hacia su zona, como si el compromiso estuviera cumplido.
En esa misma ronda, dos poyonetas andaban merodeando cerca del área, atentas a su propio negocio entre el monte. Omar siguió el recorrido y los encontró a todos refugiados en la vegetación fresca, buscando sombra contra el calor de la tarde. Ahí estaban los seis, quietos, descansando en ese rincón de la reserva que ya reconocen como suyo.