Perezoso y barranqueros en Los Guardianes
Carlos Andrés Matas Contreras andaba por la finca Los Guardianes cuando el movimiento lento entre las ramas lo detuvo en seco: un oso perezoso trepaba sin afán por los árboles, indiferente al mundo y a la cámara que Carlos Andrés le apuntó con sus propias manos. Era el único. Se tomó su tiempo, como es su costumbre, y Carlos Andrés grabó cada movimiento con la paciencia que le enseña el mismo animal.
En ese mismo punto, dos barranqueros completaban la escena. Con su pecho naranja encendido y su cola larga, estas aves son presencia frecuente en la reserva, pero verlas junto a un perezoso en el mismo cuadro tiene algo de regalo inesperado. Los tres compartían el territorio de Los Guardianes como si siempre hubiera sido así, sin prisa, sin alboroto.