El venenito que cura en la montaña
Jorge Alcalá y Michel Salas caminaban por el costado de la reserva cuando dieron con ella: una Rauvolfia littoralis, el arbusto de hojas lustrosas que los campesinos de esta costa caribe llaman venenito, o simplemente solita. Era un registro nuevo en ese punto, uno de esos hallazgos que no se anuncian con fanfarria sino que aparecen al doblar un recodo, entre la sombra y el calor de la tarde.
Lo que hace particular a esta planta no es solo su presencia en la reserva, sino la memoria que carga. En el saber tradicional de la región, la solita ha sido usada como contraveneno para picaduras de serpientes — un conocimiento que corre de boca en boca y de generación en generación, paralelo a cualquier manual de botánica. Encontrarla aquí, en estas coordenadas, es también encontrar un pedazo de ese saber vivo.
El hallazgo quedó registrado el 29 de marzo de 2026. Sin fotografía por ahora, pero con la precisión de quienes saben mirar el monte.