Happy, un coco y el camino de los loros
Ese miércoles llegaron a la Fundación Loros dos visitantes con ganas de conocer de cerca el trabajo que aquí se hace. Carlos subió a la palma, bajó los cocos y los cortó con la destreza de quien lo ha hecho cien veces. La mujer recibió el suyo todavía fresco, verde y pesado, mientras Happy —la perrita beige de la fundación— ya había decidido que el mejor lugar del mundo era exactamente ese vehículo todoterreno, encima de sus piernas.
Así arrancó el recorrido 'Camino hacia la Libertad': por entre la vegetación tropical que cubre los senderos de nuestras 520 hectáreas, con el viento tibio en la cara y el sonido del monte alrededor. Es el mismo trayecto que hacemos para que los visitantes entiendan, de primera mano, cómo preparamos a los loros para volver a su vida silvestre.
Happy los siguió de cerca todo el rato, como hace siempre. Los turistas se fueron con las manos húmedas de agua de coco y con una historia distinta sobre lo que significa la libertad en este rincón del Caribe.