Dieciocho azules y una cheja al mediodía
Esta mañana, Alberto hizo el recorrido habitual por las instalaciones de la Fundación Loros: primero el punto de liberación, luego los aviarios. El sol ya pegaba fuerte sobre las colinas verdes cuando las guacamayas azul y amarillo —dieciocho en total— empezaron a aparecer. Algunas llegaron desde los árboles cercanos, con ese azul intenso que brilla distinto bajo el cielo despejado del Caribe. Una cheja completó el grupo, discreta entre tanto color.
En el punto de liberación, las Ara ararauna se posaron sobre la estructura de madera con sus plataformas elevadas, donde las esperaban bandejas metálicas con papaya y sandía troceadas. Las mismas frutas llegaron a los aviarios, donde otros ejemplares trepaban por la malla o descansaban en las perchas de ramas secas, con las buganvilias rosadas asomando al fondo como si fueran parte del decorado. Las bandejas no duraron mucho.