El mochuelo que llegó desde el patio del colegio
Un maestro lo encontró solo en el patio de su colegio —un pichón de mochuelo cubierto de plumón grisáceo, con más piel visible que plumas, mirando el mundo con esa seriedad exagerada que tienen los búhos desde recién nacidos. Sin dudarlo, lo recogió y lo llevó hasta las puertas de la Fundación Loros, donde Carlos Andrés lo recibió con la calma de quien conoce bien el monte.
Carlos no tardó en leer la situación. Salió, atrapó dos lagartijas —lobitos, como les dicen por acá en la costa— y el pequeño búho se las comió sin vacilar. "Está bien así", dijo Carlos, con esa certeza tranquila que da el trato diario con los animales. Era una buena señal.
Desde la fundación, Alejandro contactó a Marcela Villadiego, del EPA Cartagena, para coordinar el traslado al CAV —Centro de Atención y Valoración—, donde el mochuelo recibirá atención especializada. La historia de este pequeño búho empezó debajo de una ceiba, sola y sin explicación, como tantas cosas en el campo. Pero hubo un maestro que supo recogerla.