Un árbol solo en el pie de monte
Hay árboles que no necesitan de ningún otro argumento que su propia presencia. En el sector pie de monte de la reserva, José Marín detuvo sus pasos ante uno de esos ejemplares: tronco grueso de corteza grisácea, ramas que se abren al cielo nublado con la generosidad de quien lleva décadas haciéndolo, follaje verde y denso que convierte el punto en un pequeño mundo propio. A su alrededor, la vegetación arbustiva cubre casi todo el suelo, apretada y callada, como guardiana de algo que todavía no sabemos nombrar.
No había fauna ese miércoles. No había personas más allá del propio José. Solo el árbol, las coordenadas, una fotografía y la certeza de que ese punto merece ser conocido. El monitoreo de campo de la Fundación a veces funciona así: uno llega a documentar y termina, sin quererlo, deteniéndose a mirar.