Betove y las guacamayas que alertan el cielo
Omar Enrique Berdugo Cabeza subió al cerro temprano, como lo hace el que sabe que el monte tiene sus propios horarios. En el punto de liberación, las guacamayas azules y amarillas —Ara ararauna— lo recibieron como a alguien conocido. Pero fue al regreso cuando el cerro le mostró algo más: las aves lanzaban vocalizaciones de alerta hacia el cielo, ese código antiguo y urgente que los loros usan cuando un depredador ronda desde arriba. Omar se detuvo a escuchar.
Camino abajo, en la vía, una iguana juvenil ocupaba el centro del camino con una seriedad que parecía un mensaje. Se quedó quieta el tiempo justo —lo suficiente para ser vista— y luego desapareció entre la vegetación con toda la velocidad de lo silvestre.
De vuelta en los aviarios, Omar repartió la dieta del día: banano, guayaba, papaya, pimentón, semillas de girasol y cacahuate, entre guacamayas, loros amazónicos y loros reales. Fue ahí donde se reencontró con Betove, un loro real que vive en el aviario y que es uno de los personajes que hicieron posible el hito número 15 de la Fundación Loros. Un loro que ya carga historia.