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Las golondrinas supieron primero

Antes de que cayera la primera gota, el bosque ya lo sabía. Omar Enrique Berdugo Cabeza estaba recorriendo los alrededores de la casa principal, pasando por los aviarios y el camino que bordea el lago 2, cuando el cielo todavía no decía nada claro. Fueron las golondrinas las que avisaron: un vuelo más nervioso, más bajo, cruzando el aire con urgencia. Luego los loros se sumaron con su canto, y detrás de ellos las demás aves del entorno, todas moviéndose y vocalizando como si el aguacero fuera ya una certeza que ellas llevaban adentro. Ese instante —el bosque entero anticipándose a la lluvia— quedó documentado en once videos. No hay alarma en ese canto colectivo, sino algo que se parece más a la alegría: las aves que conocen este lugar de memoria respondiendo a una señal que los humanos apenas aprendemos a leer. Omar Enrique lo vio, lo grabó, y tuvo la lucidez de reconocer que estaba presenciando algo que ocurre cada vez que llueve en la Fundación Loros, aunque no siempre hay ojos atentos para notarlo.
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